Dragones y mariposas, por Neo Hammer

A bordo de lo que parecía una ultramoderna nave espacial con una decoración mínima pero muy colorida, se abren las puertas de un laboratorio futurista. A una hora indeterminada y ante una luz tenue, bastante neutra y natural, se está produciendo un hecho realmente histórico: un cuerpo con fisionomía humanoide yace inconsciente sobre una especie de camilla que levita a un metro y medio del suelo extremadamente limpio y brillante.

Dos individuos ataviados con sendos uniformes blancos entran en la sala y se acercan al organismo para inspeccionar y realizar diversas pruebas sobre el cuerpo durmiente. Luces de colores y datos sincronizados van apareciendo en las pantallas que cubren parte de las paredes. Están muy cerca de algo histórico. Las conclusiones van a dar mucho que hablar.

Después de unos instantes de trabajo, uno de los dos investigadores realiza un corte en la parte central a la altura del abdomen. Y algo aparece justo en el lugar de la exploración. Se observan, entre ellos, sin mediar palabra.

Han descubierto algo que llevaban tiempo buscando. Pruebas que al fin demostrarán lo que durante tantos años había sido una intuición profunda y colectiva.

Uno de los miembros del equipo recoge las muestras de cada tipo de sustancia que ha aparecido en la pequeña cavidad. Dos sustancias que cambiarán la perspectiva al integrar el pasado y el futuro en el presente, lo tangible en lo intangible, lo abstracto en lo concreto, lo material en lo inmaterial, de forma casi mágica.

La primera es una masa gelatinosa deforme y verde de pequeño tamaño, podríamos decir  que queriéndose parecer a un diminuto dinosaurio alado. La otra sustancia es una cuádruple membrana, con textura de película extrafina azul brillante, que van unidas por pares, en forma de mariposa.

Uno de ellos abrió un recipiente de tamaño medio, ovalado y metálico, y el otro depositó las muestras con mucho cuidado. Una atmósfera de gas inerte cubrió las ejemplares mientras el recipiente se sellaba de forma automática, con una serie de colores y marcas que iban aparecieron de forma directa, al detectar ambas sustancias en su interior.

En unos segundos, las pantallas y paredes comenzaron a rebosar de luces de colores intermitentes y sonidos musicales por doquier. Ajá compartido. ¡Habían dado con ello!

Ya sabían lo que era, y entendían como se podían materializar las fricciones dentro del ser, los miedos, las situaciones de tensión, que evolucionaban en los anhelos a sueños motivantes. Integración en proceso. Metamorfosis permanente. Nueva versión disponible.

Los dos especialistas proceden de nuevo a ubicar las dos sustancias en su lugar de origen, para proceder rápidamente a cauterizar la apertura con un instrumento láser de luz blanca intensa.

Ambos recogen datos uniendo sus manos con el cuerpo conectado en modo hipnótico. Se produce una vibración llena de energía y amor, que sella con calor y cura por completo la incisión.

Ellos salen y justo en ese preciso momento en el que se cierran las puertas…yo despierto.

Al fin logré volver de un profundo trance placentero, con la cara llena de satisfacción al comprobar dos cosas: la primera, que todos somos todo, con la certeza que hay mucho más allá. Y por otro, el darme cuenta de que la materialización es integradora; mis dragones interiores en la felicidad consciente de sentir mariposas de forma íntima e interconectada.

Conviviendo así, en mi realidad fractal, con todo y con todos en mi evolución consciente.

Bailando con mis dragones y sintiendo mis mariposas.

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